Mi inicio en el yoga

MI INICIO EN EL YOGA

Honrando las raíces, lo que nos mantiene fuertes, estables, sabiendo quienes somos, hoy quiero compartirte un poquito acerca de cómo fue que yo inicié en este camino del yoga.

Toda mi vida he sido deportista. He practicado Tae Kwon Do, Ballet, Jazz, Tap y Baile Regional, entre otras cosas, y me fascinan los retos y las artes, lo encuentro sumamente fascinante. Pero todos los excesos son malos, por exceso de uso me lastimé las articulaciones de las rodillas, y terminé en una serie de cirugías.  Y por si esto fuera poco, la primera cirugía que me realizaron estuvo mal hecha, lo que empeoró mi problema, y hubo que reconstruir y arreglar. En el momento, la vida se me derrumbó, pensé que nunca más iba a poder hacer ejercicio fuerte, sólo nadar y bicicleta estacionaria, y para alguien tan activa como yo, fué el fin del mundo… Pero bueno, esa será otra historia.

Buscando una alternativa de bajo impacto para seguir haciendo ejercicio, investigué acerca del yoga, pero en ese momento no me animé a practicarlo por freno de mi religión: una  y otra vez me habían repetido que estaba prohibido hacer yoga, lo que me hacía evadir la posibilidad, por miedo a fallar a mis creencias (soy católica, y practicante). Después entendí que el yoga no se contrapone con mi religión, pues no intenta cambiarte, sino más bien que seas mejor en lo que haces y en lo que crees, que honres tus principios y tus creencias.

Pasó el tiempo y me fui a vivir fuera del país, nada más y nada menos que a Israel, y buscando de nuevo alguna actividad física y de bajo impacto, el yoga volvió a presentarse entre mis posibilidades. Fue en el 2001 que comencé a practicar yoga en DVD´s, lo recuerdo perfecto: Power Yoga con Rodney Yee, y me sentí como pez en el agua al practicarlo, era una combinación perfecta entre reto, fuerza, ejercicio, elasticidad, y paz mental. Esto me mantenía en forma, y al mismo tiempo tranquila en medio de la incertidumbre que en ese momento vivía el país. El cómo me sentía después de practicar definitivamente hizo que me quedara practicando yoga.

De ahí en adelante seguí practicando en casa y lo combiné con un gimnasio en donde también ofrecían yoga, en otro idioma, pero me encantaba! Me encantaba explorar nuevas posturas, o diferentes maneras de hacerlas, además me sentía diferente: de mejor humor, con más energía y muy positiva.

Después me embaracé, y hacía yoga prenatal (si no estaba en reposo), y en ciertas épocas de mucho trabajo lo dejé por temporadas, sólo para darme cuenta que mi salud emocional lo necesitaba. Regresé a Monterrey y al poco tiempo quería de nuevo buscar un lugar dónde practicar, y encontré un lindo lugar dónde practicar, con maestras maravillosas y amorosas, que me hacían sentir mejor. Incluso pasé por situaciones personales difíciles y fue el yoga el que me ayudó a estar mucho más tranquila, ecuánime y positiva.

Mi camino ha sido lento, pero constante, sin prisa, pero sin pausa, así me gusta moverme a mí, y puedo decir que ha sido un camino perfecto.

En el 2013 hice mi primera certificación de 200 horas, no me imaginaba que enseñar iba a ser el resultado, la idea era mejorar en mi práctica, pero supongo que la enseñanza estaba tatuada en mí, ya lo había hecho antes en el Tae Kwon Do, y redescubrirlo fue maravilloso.

Desde entonces no he dejado de enseñar, de aprender, y de compartir, y espero poder seguir haciéndolo por muchos años más. Honro a mis maestros Lucía Rodríguez, Lety Lozano, mis maestros de Yoga Works LA y NYC, Alejandro Quiyono, Shiva Rea, entre otros, que me han tocado y transformado, y me han inspirado a evolucionar. A mis amigas y amigos colegas, mis alumnas y alumnos, mi familia… su paciencia y apoyo incondicional han sido clave en este proceso.

Amo lo que hago, y agradezco enormemente tener la oportunidad de trabajar sin sentir que mi trabajo es trabajo.

Namaste.

 

 

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